Una historia de tantas 2


precariedad4Escribo esta reflexión y la quiero compartir con mis vecinos porque creo que en este relato me puedo encontrar con muchos de los que vivimos, crecimos, estudiamos y disfrutamos de Rivas, nuestro pueblo. Quiero contar un ejemplo de lo que es mi generación, que en este caso soy yo, como tantos otros. Y todo empezó con una promesa que decía: “niño, estudia que eso te dará un buen trabajo”. Y este relato comienza con ese mantra con la que crecimos. Terminé mis estudios luchando contra Bolonia y con el claro objetivo de honrar a los compañeros laboralistas asesinados en la calle Atocha de Madrid. Pero al salir de la facultad no pude encontrar hueco ni en Comisiones Obreras, ni en UGT, ni CGT ni ningún otro sindicato. La cosa parecía difícil pero no me rendí. Empecé a trabajar gratis, aprendiendo con un abogado más experimentado y otro compañero en circunstancias parecidas a las mías en una ONG ayudando a tramitar papeles a la población migrante y cobrando los casos que se salieran de lo que era derecho de extranjería y siempre que el cliente pudiera pagar. Además, ese mismo año, hacía una beca de derecho administrativo por las mañanas en la que cobraba 450€ con los que pagaba mis gastos y con el resto aportaba una pequeña cantidad a mi padre, que me ayudaba a pagar la hipoteca de una vivienda de protección pública que consideramos una gran inversión y una manera de garantizar mi derecho a la vivienda. Luego la beca se acabó y seguí con la ONG en la que nos dejaron una sala para atender a modo de despacho ya que al abogado más antiguo le dejaron de pagar porque ya no había fondos.

Entonces cuando la cosa parecía que no mejoraría y la crisis acabaría con mis esperanzas, un día nos ofrecieron un trabajo como laboralistas con una iguala. Sin embargo la iguala era al principio de 350€, que al año siguiente fueron 600€ y acabaron siendo 1000€. Esa cuantía me hacía mileurista teórico, había que pagar la mutualidad de la abogacía y demás gastos (entre ellos 250€ de alquiler de un despacho que intenté montar pero que daba muchos gastos y prácticamente ningún ingreso). Entonces me independicé compartiendo piso, pero ya estaban comenzando a generarse las deudas de distintos tipos y que como independizado no podía reconocer a mis padres, para que no me vieran como un fracasado que no era capaz de salir solo adelante.

En febrero del año pasado encontré un trabajo que compaginé con el anterior por el preaviso de dos meses que me obligaba la iguala. Mi alegría no tenía medida, cobraba 1000 euros netos, me consideraba rico y comencé a ver cómo pagar una serie de deudas tales como la mutualidad de la abogacía o a Hacienda. Además, me quedaban las deudas del IBI pero que en poco tiempo empezaría a poder pagar. Sin embargo, pensé que al cobrar 360€ netos de dietas, mi situación se había convertido en una oportunidad que me permitía adquirir un vehículo de segunda mano cuando me hubiera puesto al corriente de pago con las distintas administraciones. En diciembre, me llamaron para comentar mi deuda con el IBI y tasa de basuras desde Hacienda del Ayuntamiento. Era la primera vez que me llamaban, pero me dieron todas las facilidades del mundo para ayudarme a resolver la situación. Les dije que cobraba dietas como concejal. Me dijeron que no podían abonarme ninguna cuantía hasta que me encontrara al corriente de pago y en consecuencia hice un plan de compensación que, por suerte, me aprobaron. Pero el problema era que las dietas no se pagan con carácter mensual y eso genera más intereses que debo pagar.

Entonces me despidieron de mi empresa y me pasaron a ofrecer un plan de colaboración que, al menos, algo me deja ingresar. Me dieron una indemnización que desde que la acordé ya sabía dónde iba destinada. Así que pedí otro préstamo más a mi familia de un poco menos de la indemnización para pagar mis deudas y pedí a un familiar que fuera con mi autorización al pago del restante de la deuda. Cuando volvió me comentó que sólo me quedaba la mitad de lo que yo le había dicho. Al no cuadrarme, me acerqué a Hacienda municipal presencialmente y me explicaron que la otra mitad ya me la habían compensado con dos de las dietas que me debían y por tanto ya me encontraba al corriente de pago.

Ya las he pagado y no me queda mucha indemnización, pero me ayudará a aguantar una temporada más sin volver a casa de mis padres. Sé que no soy el único que vive una situación de encadenar becas con contratos precarios junto con una situación de malabares con las cuentas. Por eso cuento mi historia, porque quiero que aquella gente de mi generación que ha sido castigada de la misma o parecida forma sepa que no es una cuestión individual sino un problema de dimensión colectiva. Así que mi historia acaba sin un vehículo de segunda mano para poder moverme (sino que seguiré con el transporte público y viajando en Blabla Car), pero con la calma de haber pagado mi deuda. No es una cuestión de mal de muchos, consuelo de tontos. Sino de que aquellos que sufrimos la crisis generacional y la precariedad laboral, salimos adelante y que hoy al menos un joven precario ha entrado en este Ayuntamiento e intenta, con más o menos fortuna, representar nuestra realidad.

Así que, gracias por la oportunidad

Miguel Quesada Martínez
Concejal de Rivas Puede


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