El virus de la desidia y el hartazgo recorre el mundo


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JuanM del Castillo


¿Podrían tener similitudes el hecho de que muchos jóvenes se sumen a grupos armados (en su país o en otros) y el que los ciudadanos voten mayoritariamente opciones esperpénticas y de derechas?

En los últimos años hemos vivido situaciones difícilmente asumibles por los adultos, pero del todo incomprensibles por los más jóvenes: invasiones caprichosas por parte de los países que se dicen democráticos, basadas en mentiras, como el Sahara, Líbano, Irak, Afganistán, Libia, Palestina…; supuestos atentados terroristas, demasiado oportunos y sospechosos de manipulación; guerras provocadas con fines estratégicos y comerciales, en Irak, Libia, Siria,…; bombardeos indiscriminados de los ejércitos de países democráticos sobre poblaciones civiles; desplazamientos masivos de personas, migraciones, refugiados…; abandono  de grandes grupos de población en el mar, en los campos de reclusión, junto a muros y alambradas; manipulaciones electorales (y golpes de estado) en Argelia, Rusia, Egipto,…; genocidios en Bosnia y los Balcanes, el Kurdistán, Siria, Palestina, Libia, Turquía, …; acoso y derrocamiento de gobiernos elegidos democráticamente en Grecia, Argelia, Egipto, Brasil, Venezuela… Y los países, que se dicen democráticos, se justifican unos a otros, son protagonistas de las tropelías en ocasiones, o simplemente ‘miran para otro lado’.

Atentados continuos a los derechos humanos, a los derechos sociales y al estado del bienestar: corrupción generalizada en los gobiernos y en las instituciones públicas; reformas de leyes e imposición de otras nuevas, siempre en contra de los derechos de las clases más pobres y a favor de las grandes corporaciones y los poderes económicos; pérdida del trabajo y los derechos laborales en grandes capas de población; rescates con dinero público de la banca y otras empresas de interés de los políticos; primacía del beneficio económico por encima de los derechos de las personas, del sostenimiento medioambiental, del bien común…

Algunos datos reveladores de esta misma semana son, que ‘los beneficios de las empresas ya están por encima de los que obtenían cuando empezó la crisis’, ‘los ricos de más de un millón de euros han aumentado un 17%’, pero ‘los más pobres también han aumentado cerca de un 30%’.

La inmensa mayoría de los ciudadanos están hartos de que su vida sea cada día más precaria, más oscuro su futuro, de que los jóvenes tengan que marcharse hacia un porvenir incierto. Están cansados de que los políticos nos roben, de que nos mientan haciendo lo contrario de lo que prometen, de que las leyes y reformas que aprueban solo sean para favorecer a los que más tienen.

A los ciudadanos, eso de la democracia ya les suena a falso, cada vez menos acuden a votar y los que lo hacen votan opciones estrambóticas y radicales ‘a ver si los males se reparten y les tocan también a los que se sienten seguros’.

De ahí que no sea de extrañar, que haya jóvenes que se enrolen en grupos terroristas, que los habitantes de las ciudades seguras en Colombia voten en contra de la paz con la guerrilla, que los británicos se salgan de la Unión Europea suponiendo que así se defienden de los refugiados e inmigrantes, que en muchos países de la ‘democrática Europa’ la derecha radical vaya ganando terreno, que en la Francia de ‘la libertad, igualdad y fraternidad’ vaya a ganar las próximas elecciones el partido radical de derechas de Marine Le Pen, que en EEUU los demócratas hayan optado por Hillary Clinton, representante del gran capital y no por Bernie Sanders, progresista, y que mayoritariamente los ciudadanos hastiados, hayan elegido Presidente al estrambótico y esperpéntico Donald Trump…

Esta sociedad está ‘cosechando’ actitudes negativas, mal estado de ánimo social, creciente pobreza, desilusión, hastío, desesperanza, cabreo, desconfianza,…, elementos todos que desembocan en trastornos y radicalismos de todo tipo.

Sobre qué es lo que nos espera para el futuro, no está nada claro, pero a tenor de lo que está ocurriendo ahora, es de suponer que nada bueno.

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